Acerca de esta Edición

Exordio

En la presentación que hice en 1999 de esta obra, en mi carácter de Curador, me atreví a pronosticar que aquella no sería la única edición de esos dos volúmenes, a quienes sugerí por título Diccionario General del Zulia, cambiando el nombre que sus autores le habían dado después de veintitrés años de trabajo, concibiéndolos como El Zulia Plural.

En esa primera edición el doctor Germán Cardozo Galué, recientemente fallecido, ofreció en el prólogo una cronología de las obras que de alguna forma habían precedido la memoria de la vida histórica del Zulia. También los autores, Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Semprún Parra, revelaron el proceso de investigación que desde 1981 habían llevado adelante con una perseverancia admirable.

No era una obra pionera en materia de diccionarios, porque ya en 1883 había hecho un esfuerzo similar el maracaibero José Domingo Medrano, que había escrito “Apuntaciones para la crítica sobre el lenguaje maracaibero”, donde incorporó algunas micro biografías. En 1948 apareció el “Diccionario Histórico de Venezuela”; en 1953 se publicó el “Diccionario Biográfico de Venezuela”; en 1969 se editó el “Diccionario de Andinismos”; en 1981 Telasco Mac Pherson publicó el “Diccionario del Estado Lara”; en 1988 la Fundación Polar patrocinó el “Diccionario de Historia de Venezuela”; en 1996 Rosauro Rosa Acosta hizo el “Diccionario Margariteño” y finalmente en 1999 se presentó nuestro “Diccionario General del Zulia”.

Eran dos volúmenes producto de un esfuerzo colosal, respaldado porque los autores eran propietarios de la mejor biblioteca que sobre el Zulia existiera en la región. Había sido un trabajo arduo. Se convertía metafóricamente en otro manantial que venía a regar las aguas del Lago de Maracaibo porque no solo era un almacigo de nuestras raíces zulianas, fecunda iniciativa, sino que era el resultado de una misión purpura para dotar a la nación zuliana de un piquete de energías.

Ese diccionario no contaba sino con la generosidad del patrocinio de una institución bancaria, que no financió la obra como una concesión graciosa de oportunismo, sino que captó la originalidad de la propuesta. Y tampoco no tenía el diccionario la publicidad de los “best sellers”, pues no tenía la vistosidad de una caratula atrayente, ni una gran popularidad de sus autores, sin embargo se agotaron rápidamente los tres mil ejemplares que se imprimieron.

En la reedición de este diccionario donde se me ha elevado de la posición de Curador, ahora a la de Prologuista, abrumado por la honra, debo proclamar que esta nueva edición es casi un milagro, por el costo de la impresión, en un momento en que Venezuela atraviesa quizás por la peor crisis económica de su historia.

A la manera de Cristóbal Colón con su proyecto de búsqueda de una nueva ruta hacía el Asia, en el propósito de ampliar el contenido del diccionario y encontrar patrocinantes sucedieron inesperadas complicaciones. Incluso el percance físico de la muerte del historiador, literato, médico y gran zuliano, el coautor Luis Guillermo Hernández, hizo más difícil la tarea de Jesús Ángel Semprún Parra de actualizar las micro biografías, incorporar nuevos nombres y por la devaluación constante de la moneda venezolana, rehacer presupuestos que a veces se convertían en flor de un día. Un verdadero camino de espinas.

Los que hemos escrito obras de recopilación de datos, fotografías, mapas, documentos en general sabemos lo que cuesta la búsqueda introspectiva. Y en el caso de las biografías el autor queda más de una vez pasmado ante la curiosidad que le despierta seguir indagando sobre la vida de un personaje. E incluso la objetividad para escribir una ficha, debe reprimir el impulso del autor sobre si exaltar aún más o doblegar el hombre, mujer o cosa sobre la que trabaja.

Este Diccionario General del Zulia, no es una obra construida a la manera de un sastre que hace un traje de una colección de retazos. No son volúmenes de chauvinismo zuliano. Se trata de dejar para el porvenir una magnifica recopilación de la herencia moral y espiritual del Zulia a través de su existencia, receptáculo de su capital humano, de la capacidad de la nación zuliana de empinarse para elevar su progreso, a pesar de la mala voluntad con que siempre contó por parte del poder central.

No es tarea fácil abarcar el conjunto, en el estrecho margen de un prólogo, la vastedad de una obra que incluye información sobre geografía, historia, religión, arte, cultura, economía, música,  gentilicio, bibliografía, periodismo y otros géneros del saber. Me atrevería a afirmar que estos volúmenes tienen un carácter enciclopédico, que una región con el potencial del Zulia, necesitaba para justificar su proyección autonómica, su necesidad de que se le deje planificar, construir, hacerse de porvenir propio.

No puede pretender el lector que no falte nada en este diccionario. Sería temerario proclamar que no se haya omitido involuntariamente ningún nombre, de ser así se hubieran requerido siete u ocho tomos. Lo que si hay que concluir es que se trata de una obra de obligada consulta no solo para individualidades, sino para instituciones públicas, empresas y para todo aquel que quiera saber de ese Zulia Plural que imaginaron sus autores al concebir esta recopilación monumental.

No puede dejar de mencionarse que la primera edición de este Diccionario General Zulia apareció cuando se conmemoraron los Quinientos años del Descubrimiento del Lago de Maracaibo en 1499 y esta reedición aparece en los albores de la conmemoración del bicentenario de la independencia del Zulia, cuando en 1821 se proclamó la República Democrática e Independiente de Maracaibo.

Una palabra final de aliento para Luis Perozo Cervantes, editor-jefe y diagramador de Sultana del Lago Editores, que se convirtió en el mecenas que necesitaba este proyecto para volverlo a sacar a la luz, gracias por su generosidad, las generaciones futuras se lo agradecerán siempre.

Gracias Jesús Ángel Semprún Parra, por este homenaje que haces a la tierra que te vio nacer, al Zulia de dulce trasiego y gran valor histórico y gracias por haberme permitido prologar esta obra, que ya es tan mía como tuya.

Dr. Julio Portillo Fuenmayo

Prólogo a la primera edición

       En el más puro y exigente quehacer intelectual y tradición del Zulia, Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Semprún Parra ofrecen al país           esta  monumental, erudita y útil obra de consulta.

La han precedido desde el siglo XIX, una preocupación constante por registrar, conservar y dar a conocer la memoria de la vida histórica del estado Zulia y de la antigua Provincia de Maracaibo. Ensayos históricos, estudios biográficos, diccionarios, repertorios documentales y bibliográficos, ediciones especiales conmemorativas, se han sucedido a lo largo de casi dos siglos en un afán permanente por dejar constancia de la presencia histórica de esta región en Venezuela. Sin la pretensión de agotar ni la intención de omitir ensayos que anteceden a la obra Diccionario General del Zulia, conviene dejar constancia de algunos de estos testimonios de fervor patrio y nacional, que en buena medida la han inspirado y le ofrecen sólido soporte.

Quizás el informe Sobre la Provincia de Maracaibo hecho al Consulado de Caracas  por el diputado consular del Puerto de Maracaibo, José Domingo Rus, del 17 de mayo de 1794, constituya el primer cuadro sistemático de los rasgos geo-históricos del Zulia actual. Destacan ya en él, la visión de este espacio como un conjunto regional, la importancia de Maracaibo como centro nodal del Occidente y la enumeración y evaluación minuciosa de su producción, comercio y potenciales recursos.

Posteriormente, entre 1812 y 1814, Rus como diputado por la Provincia de Maracaibo a las Cortes de Cádiz, redactó numerosos informes y representaciones, que recogió en dos opúsculos titulados Agere pro patria y Maracaibo representado en todos sus ramos, excelente fuente histórica para conocer las características geográficas, actividades económicas, vialidad, organización social, conformación de la estructura de poder y producción cultural de la antigua Provincia de Maracaibo, la cual abarcó la totalidad del Occidente venezolano desde mediados del siglo XVII hasta principios del XIX.

Manuel de Jesús Arocha y Fernández publicó en 1863 la primera obra histórica de carácter general a la que denominó Sucinta descripción física y geográfica de la Provincia de Maracaibo (en la República de Venezuela) desde su fundación en el siglo XVII hasta hoy; con ligeros y curiosos cuadros estadísticos.

La siguieron, en 1883, de Silvestre Sánchez su Geografía y breve historia de la Sección Zulia, desde su descubrimiento, 1499, hasta nuestros días; el Diccionario geográfico, estadístico e histórico del estado Zulia de José Ignacio Arocha, editado en 1894; las Apuntaciones históricas del estado Zulia  [1492-1900] de Pedro Guzmán, obra impresa en 1899; y de Carlos Medina Chirinos, las Anotaciones para la historia del Zulia de 1941.

El primer gran esfuerzo por registrar el mayor volumen de información sobre la historia del estado, desde el descubrimiento del Lago, en 1499, hasta 1943, lo realizó Juan Besson en su Historia del estado Zulia, editada en cinco tomos, entre 1943 y 1957. Adolfo Romero Luengo en Maracaibo… Un poco de su historia, publicada por vez primera en 1958, presentó cuadros de la vida zuliana, especialmente maracaibera, desde finales del siglo XIX. Esta secuencia de obras generales culminó en 1986, con la edición de la Historia del Zulia de Gustavo Ocando Yamarte.

Durante esta primera fase de producción historiográfica sobre el Zulia, que se inserta en las características de lo tradicional, por el tratamiento positivista y narrativo de los hechos, se cuentan más de cien obras entre ensayos generales, monografías y biografías. A ellas habría que añadir los cientos de artículos publicados en la prensa a lo largo de siglo y medio; de entre ellos se destacan el pionero y excelente esfuerzo en las letras venezolanas de la edición de El Zulia Ilustrado, revista que circuló entre los años de 1888 y 1891, y la moderna revista Respuesta del Zulia, editada entre 1974 y 1983.

La década del ochenta ha abierto una nueva y prometedora fase en la producción y difusión de los estudios sobre el Zulia, añadiendo al recuento de los hechos, la presentación y análisis, profusamente documentados de los mismos, para ofrecer nuevas visiones coherentes e interpretativas del pasado. Impulsan este movimiento la creación, en 1979, del Centro de Estudios Históricos, la Maestría en Historia de Venezuela en 1987 y desde 1996 la línea de historia en el Doctorado en Ciencias Humanas, todos adscritos a la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia.

En un primer momento, los investigadores se dedicaron a la localización, organización y difusión de las fuentes bibliográficas y documentales sobre el Zulia. De ello resultó la publicación en 1979 del repertorio Acuerdos, Ordenanzas y Resoluciones de la Diputación Provincial de Maracaibo (1830-1856) de Nury Pineda Morán; en 1986, la Bibliografía zuliana: Ensayo 1702-1975 y La antigua provincia de Maracaibo (1499-1818), fuentes documentales impresas, ambas de Germán Cardozo Galué; Acuerdos, Leyes y Decretos de la Asamblea Legislativa del estado Zulia (1857-1908) de Arlene Urdaneta Quintero y Nury Pineda Morán. Les habían precedido los acuciosos y orientadores estudios de Agustín Millares Carlo, en 1964, sobre el Archivo del Registro Principal de Maracaibo: Protocolos de los antiguos Escribanos (1790-1836) y en 1968 Archivo del Concejo de Maracaibo: Expedientes diversos.

Con estos y otros aportes bibliográficos y documentales se dio inicio a una labor sistemática de investigación que hasta el presente ha dado como resultado más de 30 ensayos sobre historia zuliana, que en lo temporal abarcan desde el siglo XVI al XX y en lo temático, la economía, sociedad, política, educación y cultura del estado, más otros tantos artículos publicados en revistas de prestigio científico nacional y extranjero.

De los ensayos cabe citar, por haber circulado en diversas modalidades de edición, los siguientes: Germán Cardozo Galué, Maracaibo y su puerto en los primeros años de la República (bases económicas y sociales), en 1985; Imelda Rincón, María Gamero L. y Nevi Ortín de Medina, La Universidad del Zulia en el proceso histórico de la región zuliana, en 1986; Belín Vázquez de Ferrer, El puerto de Maracaibo: elemento estructurante del espacio social marabino (siglo XVIII), en 1986 y La realidad política de Maracaibo en una época de transición 1799-1830, en 1990; Carmen A. Pérez, Maracaibo y la región andina 1924-1935, en 1988; Arlene Urdaneta Quintero, La Revolución de las Reformas en Maracaibo. Campesinos y tembleques, en 1989; Rutilio Ortega González, El Zulia en el siglo XIX, en 1991; Germán Cardozo Galué, Maracaibo y su región histórica. El circuito agroexportador (1830-1860), en 1991; Nevi Ortín de Medina, Causas políticas e ideológicas del cierre de la Universidad del Zulia 1904, en 1992; Arlene Urdaneta Quintero, El Zulia en el septenio de Guzmán Blanco, en 1992; Héctor Silva Olivares, La autonomía zuliana en el siglo XIX: Un proyecto global, en 1995; Rutilio Ortega y otros, Historia de Machiques de Perijá, en 1995; Imelda Rincón, La creación del Colegio Nacional de Maracaibo, en 1996; Arlene Urdaneta Quintero, Autonomía y federalismo en el Zulia (1830-1868), en 1998; Germán Cardozo Galué, Historia zuliana. Política, economía y vida intelectual en el siglo XIX, en 1998.

Ese constante volver atrás la mirada es indicador en el zuliano de admiración y cariño por el pasado propio, pero también revela sentido de pertenencia a un espacio concebido como raíz de la identidad regional y constituyente de la identidad nacional. Cuando una comunidad pasa repetidamente revista a sus logros socio-culturales, cuando los enumera, cuando construye listas de sus hombres, hechos trascendentes y monumentos públicos, de sus libros, folletos, revistas y periódicos, cuando los estudia y difunde, ese colectivo realiza un acto de profunda reafirmación de su ser histórico, regional y nacional.

En esta línea de conservación y difusión de la memoria histórica surge el Diccionario General del Zulia, repertorio biográfico, histórico, bibliográfico y hemerográfico, que abarca de la manera más amplia y profusa el quehacer zuliano en todos sus aspectos: literario, económico, social, cultural, educativo, institucional, científico, deportivo, etc., a lo largo y ancho del estado Zulia, de actores sociales fallecidos y vivos, y de quienes recientemente se han incorporado a la vida pública, sin privilegiar niveles académicos o procedencia social.

Este afán de que todos estemos en el Diccionario General del Zulia es una valiente y avanzada toma de posición ante un concepto moderno de historia que se sale de lo elitesco y trascendental para examinar y dejar constancia de los hechos y obras del colectivo. Es muy zuliano este criterio, pues hace referencia a uno de los rasgos más notorio de nuestra comunidad: el espíritu de convivencia y de solidaridad.

Valientes también son sus autores al poner a circular tan vasta información en esta obra, que se convertirá por varios años en referencia básica para quien desee conocer y estudiar al Zulia. Ellos mismos reconocen, sensatamente, la posibilidad de errores y omisiones; pero allí están señaladas, al final de cada entrada, con profusión, abundantes fuentes bibliográficas y hemerográficas, directas o indirectas, para dar soporte a la veracidad de la información u orientar nuevas pesquisas que aclaren, rectifiquen y enriquezcan cualquier duda.

No creo equivocarme al afirmar que por vez primera en nuestro país se ofrece al público un diccionario de esta naturaleza, concebido más allá de un monumento a la zulianidad, como una herramienta para los investigadores y todo aquel deseoso de informarse sobre la vida del Zulia, en el pasado y presente, y de su aporte a la formación de Venezuela como Estado y nación.

Lo respaldan dos acuciosos y entregados intelectuales, Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Semprún Parra. El primero, nacido en Maracaibo en 1938, realizó estudios médicos en España y en la Universidad del Zulia y durante más de dos décadas ha compartido su profesión de galeno con las letras como escritor, investigador y promotor cultural. En su haber tiene, además de numerosos ensayos, varios premios y reconocimientos, entre los cuales se destacan: primer premio Andrés Bello como Científico de la ASOVAC (1981), el premio de investigación Centenario de la Instalación de la Universidad del Zulia otorgado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad del Zulia (1991), por el proyecto del Diccionario General del Zulia que hoy sale a la luz pública, y el premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada Mención Investigación (1997); estos dos últimos, compartidos con el coautor del Diccionario General del Zulia

Su discípulo y compañero de faenas en el campo de la investigación bibliográfica y literaria, Jesús Ángel Semprún Parra, es también nativo de Maracaibo y nació en 1961. Ha seguido con éxito los pasos de su maestro, Dr. Luis Guillermo Hernández, como escritor, investigador humanístico y promotor cultural, consagrando su obra principalmente en la Secretaría de Cultura del estado Zulia. Igualmente, tiene en su haber la publicación de ensayos, columnas periodísticas y prólogos.

Para la realización del Diccionario General del Zulia, sus autores se han refugiado, desde el 26 de marzo de 1991, en la Fundación Centro de Investigadores Agustín Millares Carlo, creada por ellos mismos y un grupo de destacados intelectuales de la comunidad maracaibera. Quizás a las actuales generaciones no les sea familiar el nombre de quien honra y compromete a esta Fundación. La Universidad del Zulia tuvo la fortuna de contar entre su personal docente y de investigación, durante las décadas del sesenta y setenta, a este insigne paleógrafo, crítico literario e incansable y prolífico escritor. Nacido en Las Canarias en 1893, fue fundador en 1941, con otros eminentes intelectuales españoles, de la Casa de España en la Ciudad de México, luego convertida en El Colegio de México, la institución educativa de más alto prestigio en el país azteca, donde enseñó e investigó hasta 1959, año de su traslado a la Universidad del Zulia. Su obra escrita, que supera los 200 textos de impecable rigurosidad científica, constituye el más estimulante reto para cualquier humanista. Fue miembro de la Academia de Historia en España y de la Real Academia de la Lengua.

Con sus ensayos sobre la historia y literatura zulianas marcó pauta y señaló rumbo en la creación y trabajos del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia; y hoy el Diccionario General del Zulia aparece honrando a su vez la memoria del eminente erudito que dio nombre a la fundación donde se gestó esta exigente y meritoria obra.

El Diccionario General del Zulia se convierte así, en un testimonio de alta calidad científica y exigencia metodológica de la más profunda pasión y capacidad del quehacer intelectual zuliano, zulianista y venezolano.

Dr. Germán Cardozo Galué

Dedicatoria

A nuestros progenitores

Ana Vicenta Hernández (†)

Ney Margarita Parra Pérez (†)

Ángel Alcides Semprún Bermúdez (†)

Roberto Gollarza Romero (†)

a nuestros hermanos, tíos, sobrinos,

primos y demás familiares

a nuestros relacionados y amigos

a todos aquellos que colaboraron

con esta investigación

a los héroes anónimos de cada día

por un Zulia mejor

al Zulia plural

Agradecimientos

Los autores desean extender su más ferviente agradecimiento a

                                   Julio Portillo Fuenmayor (†)           Germán Cardozo Galué (†)        Luis Perozo Cervantes

                        Humberto Mamaota Rodríguez (†)                   Rutilio Ortega González

                                           Alfredo Rincón Rincón                              Carmelo Raydán

                                  Gastón Montiel Villasmil (†)                 José Rafael Lira Barboza

                                          Ángel Emiro Govea (†)                                Berthy Ríos (†)

                                              J.R. Silva Cedeño (†)            Jorge Rodríguez Cabrera (†)

                                     Manuel Matos Romero (†)                Evaristo Fernández O. (†)

                                                 Orlando Arrieta (†)                              Iván Darío Parra

                                        Camilo Balza Donatti (†)                            José Pipo Álvarez

                       Mercedes Bermúdez de Belloso  (†)                          Tito Balza Santaella

                                          Nereida Petit de Iguarán                        Rolin Emiro Iguarán

                                                       Siglic Gutiérrez                                    Alicia Pineda

                                                 Carmen Bohórquez       Carlos Sánchez Fuenmayor (†)    

                                            Rafael Molina Vílchez                                   Enrique León

                                              Norberto José Olivar                      Enrique Arenas C. (†)

                                                   Cósimo Mandrillo                  Jesús Salas Ramírez (†)

                                                          Nubardo Coy                               Enrique Romero

                                           Iliana Morales Gollarza                          Julio Fernández (†)

                          Dora Hernández de Rodríguez (†)                             José Ch. Montilla

                                                   Laurence Lescher                                    Ana Cumares

                                                      Isbelia Urdaneta                              Rodrigo Cabezas

                                                Giovanni Villalobos                                Antonio Tinoco

                                                    Yolanda Delgado    Alberto Johel Rodriguez Vilchez

                                            Iván José Salazar Zaíd                          Juan Carlos Sarcos

 

                                                                  Banco Occidental de Descuento (BOD)

                                                                      Secretaría de Cultura del estado Zulia

                                                              Consejo Nacional de la Cultura (CONAC)

                                                                                              Universidad del Zulia

                                                                        Fundación Centro de Investigadores

                                                                                          “Agustín Millares Carlo”

                                                                           Fundación Zuliana para la Cultura

                                                                       Oficina de Relaciones Institucionales

                            del Banco Central de Venezuela (Gerencia Subsede Maracaibo)

                                             Biblioteca Pública del Estado Zulia “María Calcaño”

 

                                       y a todos aquellos que hicieron posible esta investigación

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