En los años treinta llegó a Venezuela un griego comerciante que tenía limitación visual y auditiva, se estableció en Caracas e instaló una quincalla en el centro. Su nombre era Mevorah Florentín pero por ser de difícil pronunciación lo empezaron a llamar Mario Florentín, quien creyó en la educación para los ciegos y en sus ratos libres empezó a enseñarlos a leer y escribir en Braille y más tarde creó en Caracas la Fundación Mevorah Florentín y el Instituto para Ciegos y Sordos, pionera en el país. El 1 de febrero de 1966, la Asociación Zuliana de Ciegos consiguió que el gobernador Octavio Andrade Delgado oficializase como escuela básica para……
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